Hace muchísimos años, digamos unos cuarenta, la humanidad era otra, el planeta era otro, y dentro de ambos, Gerli y nosotros, eramos otros.
Ver la Tele podía ser una actividad sedentaria, un punto de encuentro familiar alrededor de un aparato de robusta contextura que transmitía imágenes en blanco y negro, con toda la gama de matices que van de uno a otro, pero también podía ser una aventura.
Lejos del módico movimiento del dedo índice que hoy implica pasar de ver Barcelona - Real Madrid, a un concierto de la Filarmónica de Viena en La Scala de Milan, cambiar de canal era una cuestión a resolver.
La imagen perfecta solía estar enfocada en uno de los cuatro canales existentes: 7, 9, 11 y 13, ya que llegar a ver el Canal 2 que transmitía desde La Plata requería una dosis de suerte importante.
El clima era un factor decisivo. El viento elegía por nosotros y ni que hablar cuando alguna tormenta se empecinaba en arruinarnos la velada.
La Televisión requería de un artefacto externo denominado antena. La misma consistía en una serie de fierritos que cruzaban de manera transversal un fierro de mayor grosor al que estaban unidos en su parte media; sostenido todo esto por un palo mayor, de cuya altura dependía buena parte del éxito del emprendimiento.
Entre uno y otro artefacto, la Tele y la Antena, se extendía un cable chato en el centro que transmitía las señales captadas desde esta última, hacia un complejo sistema de válvulas, circuitos, lámparas y capacitores que la convertían en imágenes.
La orientación de la antena era vital para que en el Canal indicado se vieran imágenes que captadas por los ojos humanos pudieran distinguir al Negro Pelé del Polaco Goyeneche.
Las antenas solían colocarse en lugares altos, techos, terrazas, extensiones logradas uniendo palos de luz con caños del agua que iba al tanque etc, y acomodarlas en noches de viento y lluvia para poder disfrutar de All Boys – Temperley un Viernes por la noche, en el partido adelantado de la fecha, era una proeza que hoy estarán lejos de entender las generaciones que crecieron vieno a San Antonio Spurs jugar los Play Of con los Lakers desde sus teléfonos celulares.
En esta sociedad patriarcal de la que formamos parte, la distribución de tareas estaba definida de antemano. Si la imagen del Canal que queríamos ver requería ajustar la antena en una noche de tormenta, eran necesario contar con una familia de al menos tres personas. Una mujer llamada Madre, que se instalaba frente a la Tele oficiando de veedora de imagen, un hijo que se parara en el patio e hiciera de amplificador de la voz de la Madre para que su anuncio llegara a una tercera persona llamada Padre que subía asumiendo el riesgo mayor hasta el lugar desde donde con sus manos o a través de palos de escoba pudiera orientar la antena.
Este procedimiento, que con el tiempo llegaba a un grado de coordinación dignos de admiración, encontraba algunas dificultades.
Recreamos la escena a través de un posible diálogo:
Padre: Fijate ahora nene
Hijo: Maaaaaaa… ahora se ve?
Madre: Pará que me fijo que estaba revolviendo la polenta para que no se me pegue… a ver… Más o menos.
Hijo: Más o menos paaaaa….
Padre: Ahoraaaa???
Hijo…
Padre: Neneeeeeee… fíjate ahora
Hijo: ahora ma?
Madre: ahora no se ve nada
Hijo: Ahora no se ve nada pa…
Padre: Cómo que ahora no se ve nada???
Hijo: No se ve nada pa…
Padre: Estás seguro???
Hijo: Seguro que se mal Maaaaa?
Madre: ay nene, si, que me están cargando
Hijo: si pa, se ve para el orto
Padre: pero la reputa madre… a ver ahora??
Hijo: Ahora maaa?
Madre: Ya te dije que no se ve nada cheee
Hijo: se ve peor paaaaa
Padre: La reputa madre que lo reparió esta antena de mierda, debe ser el cable que me vendió ese hijo de puta… Fijate ahora
Hijo: Ahora Ma?
Madre: Ay nene decile que si, que se ve bien, así se baja que con esta tormenta se va a matar ese loco.
Hijo: Si pa, déjalo así que está un poco mejor
Padre: Cómo un poco mejor? Se ve bien o se ve mal, boludo???
Hijo: eeeeh que puteás che, estás nervioso?
Padre: Pero dale pelotudo que me estoy empapando todo acá, se ve bien o se ve mal?
Hijo: pero que te pasa cheee, encima que te ayudooo me puteás???
Padre: que me ayudás?? Pero la puta madre, vago de mierda, si el que quiere ver el partido sos vos!!!
Hijo: bueno dale, bajá que Mamá se está poniendo nerviosa
Madre: ahora no se ve nada
Hijo: ahora no se ve nada pa
Y así…
Haciendo una reconstrucción de aquellos tiempos con la mirada serena que da la distancia, podría decirse que la Tele, en un momento punto de encuentro de las familias después de un día de actividades, podía convertir también la casa en un verdadero caos.
Bien vale contarlo y tenerlo presente para que nuestros hijos valoren hoy aquellos años de enormes sacrificios y no nos manden al carajo cuando les pedimos algo tan simple, como que crucen la calle a comprarnos una Heineken y un salamín a lo del Chino.
Jóvenes de hoy, respeten a los que no la tuvimos tan fácil.
Rescátense, loros.
Pablo Isi
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