miércoles, 22 de abril de 2020

El Rulo y la Reina Maga

Qué Reyes son estos que le traen cosas caras a los hijos de los ricos, y nada o casi nada a los hijos de los pobres, pensaba el Rulo mientras juntaba el pasto que crece a un lado de la autopista.
La injusticia, tan simple, tan a la vista, se va haciendo más difusa a medida que los años van conformando un sentido común que todo naturaliza, que hace lógico lo inaceptable y normal lo inentendible.
La normalidad de Rulo es un papá en cana, una mamá que limpia casas y cocina lo que puede cuando se puede.
El papá del Jhoni también está en cana. Le contaron que están juntos, y que  la pasan bien. Comen, juegan al fútbol y cantan canciones del Pepo y Los del Fuego.

Cuando salga van a volver a la cancha y a tirarle a las palomas con la gomera en el campito de atrás de la fábrica.
Cuando le preguntó a la seño por lo de los Reyes, ella le explicó que a veces hay cosas que no se entienden mucho, pero que había que aprender a encontrar la felicidad en las cosas de todos los días, que no importaba tanto tener o no la Play 4 o los botines Nike que el Rulo veía en los carteles en las casas de deportes de Avenida Mitre cuando acompañaba a la mamá al médico.
Ya hacía un par de años que había dejado de pedirle cosas a los Reyes, porque una cosa es que no puedan porque tienen muchos chicos que les piden, pero otra es que siempre le traigan cosas buenas a los mismos, y se olviden de otros.
El Rulo extraña al abuelo Pedro.
Cuando estaba el abuelo Pedro, los Reyes nunca se olvidaban de el, pero desde que se fue no sé a qué estrella, ya no se acuerdan.
Y eso que el abuelo los bardeaba bastante. Qué Reyes ni reyes, Reina Maga era Evita le decía a las carcajadas.
Rulo sabía que Evita quería a los chicos y que una vez le había traído una bici nueva al Abuelo cuando era chico, en un camión lleno de bicis. Pero Evita también anda ahora por las estrellas y ya no hay camiones que traigan bicis ni nada.
Por qué la gente se va a las estrellas, pensaba Rulo. La seño le dijo que era para iluminar desde arriba la vida de los que amaban, pero al Rulo le pareció chamuyo.

Cuando sea grande, el Rulo va a ser Policía. Se lo contó a la mamá pero a ella se ve que mucho no le gustó. Te escucha tu papá y te mata, le dijo.

Los hermanitos lo cargan porque al Rulo le gusta estudiar. Tiene un libro con dibujos que le regaló la Madrina, y se sabe ya de memoria todos los cuentos. Tenés que leer y estudiar para tener un buen trabajo cuando seas grande le dijo.

El Rulo no quiere trabajar cuando sea grande, quiere ser jugador de fútbol y comprarse un auto blanco con vidrios negros para llevar a pasear a la Cintia. Tan linda la Cintia...

Los Reyes le hincharon las pelotas al Rulo. No es que no crea en ellos, es más, los vió con sus propios ojos una vez, arriba del camión de bomberos, pero se cansó de como son, de que siempre una excusa, mucha sonrisita pero al final son como los políticos. La Tía Andrea dice que los políticos son todos iguales de mentirosos, y la Tía Andrea sabe muchas cosas, trabaja en una oficina llena de sillas y mesas y si dice algo es porque sabe.

Por eso cuando le contaron que en la escuela iban a regalar bicis, el Rulo no les creyó. Seguro les traen a algunos, ma, le dijo, pero a nosotros esas cosas nunca nos tocan.
Ya vas a ver... le dijo...

Ese día el Rulo fue enojado. Lo peinaron como cuando tomó la comunión, y ya saben bien que no le gusta peinarse. Pero bueno... no tuvo otro remedio.

Los compañeros del grado sí le creyeron a la seño cuando contó lo de las bicis, porque la seño no miente nunca. El Rulo sabe que la seño no miente, pero a veces cuenta las cosas como para que ellos no se enojen. Pero igual esta vez le parecía que podía ser.

Cuando llegó y vió todas esas bicis juntas, todas igualitas de verde brillante, el Rulo empezó a creer un poquito. Se pudo en la fila y empezó a ver que iban pasando en grupitos y se iban en la bici. El Jhoni lo miró y le dijo, boludo, le dieron una bici al Rata! El Rata era otro que nunca ligaba los días de Reyes, y si le dieron la bici al Rata, esta vez capaz que si!!!

El corazón del Rulo latía como nunca, le transpiraban las manos y le pareció que los ojos se le ponían mojados como el día que Riquelme le acarició la cabeza al salir del entrenamiento.

Rulo, Jhoni, vengan, que ahora pasan ustedes, dijo la seño... y ahí fue el Rulo, caminando despacito, como con miedo a romper un sueño... No te rías boludo, le dijo al Jhoni, a ver si la pudrimos justo ahora...
Mientras caminaba, el Rulo iba mirando de cerca las bicis.. eran más lindas que como se veían desde la fila. Brillantes, todas igualitas... Desconfió un poco porque junto a Jhoni y a el, iba también la Romi, y a la Romi siempre los Reyes le traían regalos buenísimos. A la Romi le van a dar una bici igual que la nuestra? pensaba el Rulo, y no... eso era muy raro, mejor no pensar en eso, porque ya le daba miedo al Rulo que todo fuera otra mentira.

Cuando lo llamaron y le dieron la bici, el Rulo temblaba. Era como cuando le dijo a la Cintia que le gustaba y si quería ser la novia. Pero pudo agarrar la bici, así con las dos manos temblando, y mirando al Jhoni que ya se había subido a la de el y gritaba como un loco. La agarró pero no se quería subir, dale Rulo subite, le decía la seño... y el que no... que era nueva, y que mejor llevarla así con las manos...

Cuando llegaron a la casa, de a poquito, al Rulo se le fue pasando el temblor. La miraba a la bici... Viste León? era cierto. León lo miraba a los ojos y le lamía las rodillas, como hacía cuando estaba contento.

No podés meter la bici en la cama, decía la mamá de El Rulo, pero el que sí, que como no iba a meterla en la cama? si era de el!

Abrazado a la bici el Rulo... abrazado.
Arrancó a andar esa noche, pedaleando con desesperación, pero nunca llegaba! Cuando parecía que estaba cerca levantaba la vista y la estrella seguía lejos, cada vez más lejos... Hasta que paró a descansar y escuchó la voz inconfudible que le decía... Viste Rulito? Se dió vuelta y ahí estaba, con su barba blanca y su pantalón de siempre, Pedro.
Se abrazaron como nunca jamás lo habían hecho... la cabeza ya despeinada de Rulo en el pecho peludo del Abuelo, y la mano gigante acariciando los rulos...
Fue Ella Rulito... Yo te dije que Reina Maga era ella...
Mostrásela a tu tía Andrea mañana... a ver que te dice... jajajajaj
Las carcajadas del Abuelo Pedro resonaban en la noche, cada vez más fuertes... hasta que la voz de mamá lo sacó de ahí... Dale Rulito, arriba, hay que ir a la escuela...

Rulo despertó desesperado, angustiado, pensando en que toda esa felicidad era apenas un sueño, hasta que vió a la bici al lado de la cama y comprobó que era verdad, que estaba ahí la bici, que era de el, así nuevita verde brillante, igualita que la de la Romi. Se levantó con ganas, pensando en que a la vuelta, capaz venían pedaleando juntos con la Cintia... Tan linda la Cintia va a estar con esa bici...

Pablo Isi

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