miércoles, 22 de abril de 2020

Abrazando a Anaclara

Te acordás?
Habías llegado del San Patricio sin poder creerlo y soltaste las lágrimas que no te habías permitido soltar durante el recuento.
Las mías en cambio ya habían corrido mientras la tele mostraba los primeros resultados, y estuvieron bien guardadas para darte el abrazo que necesitábamos con la mayor dignidad posible.
Después lloramos juntos cuando la Plaza de la despedida fue un juramento de no aflojar y la promesa colectiva de que íbamos a volver.
Cuatro años parecían una eternidad y lo eran.
Porque los tiempos no se miden en días ni en meses, se miden en tristezas, impotencias, dolores profundos que deja el odio que manda a la cárcel a compañeros, que persigue familias, que condena al hambre y la desesperación a millones de compatriotas.
Entre todos esos dolores, creeme, el de tus lágrimas al volver del San Patricio me taladraba el cuerpo.
Quería creer que para ustedes, los pibes y pibas paridos por Néstor, la derrota era una experiencia necesaria.
Porque los Peronistas disfrutamos cuando la justicia social llega a todos los rincones, pero somos herederos de una historia que forjó su mística invencible en las peores calamidades.
Bombardeados, fusilados, torturados, asesinados, desaparecidos, venimos a ser sobrevivientes de una memoria popular que sigue pintando Perón vuelve en las esquinas y en los paredones de las fábricas.
Puede parecer una exigencia desmedida, pero creeme que a mi me asustaba un poco que una generación nacida en un momento histórico glorioso, no supiera de todo eso, no sintiera en carne propia el odio de la oligarquía corrupta y asesina.
Estuvimos juntos cuando Bonadío, pocos meses después, la citó a Comodoro Py. Cantamos bajo la lluvia junto a otros miles, tan pibes como vos, y ese mismo día me di cuenta que el futuro era nuestro, que no les iba a alcanzar con la mentira y el odio para destruir las convicciones que pudieron ver con sus propios ojos durante aquellos años.

Hoy estamos volviendo, compañera. Ya hemos pasado la barrera de tus 20 y la de mis 50, y ahí estaremos, en unos días apenas, abrazándonos con quien tengamos al lado, bailando en las calles, soltando los gritos que tenemos atesorados en las gargantas y las lágrimas de nuevo, esta vez con otro gusto, con otros colores, sabiendo que se vienen tiempos de esfuerzos redoblados y batallas imprescindibles.

Sabés? Estos son los momentos en que la vida misma nos abraza, en que los Dioses Peronistas nos señalan con el dedo iluminado para confirmarnos que estamos parados en la vereda que tenemos que estar, porque las alegrías colectivas son las que hacen la vida maravillosa.

Te estoy abrazando desde ahora, compañerita, compañera, y nunca dejaré de hacerlo hasta el último instante de mi vida, y aún después...

Nunca dejaremos de soñar.
Nunca dejaremos de vencer.

Pablo Isi

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