Ahí vas.
Abriendo paso a machetazos en una jungla que no llegás a ver. A tientas, golpeando a dos manos todo lo que se mueva, respirando cortito para no hacer ruido y bebiendo las gotas que ruedan desde quién sabe donde y cuando.
Estirando las piernas para que cada paso acorte más distancia, partiendo a latigazos el miedo que te cubre como una telaraña. Ojos rojos de espanto.
No hay cielo que te calme en la espesura. No hay cielo.
Alzado el brazo izquierdo como ariete de blanquísimos huesos, rota la espalda de tanta muerte, rota de todo, de no parar jamás a medir nada. Rota de tan rota.
Como hoja al viento vas.
Vas tan como hoja al viento que le pasás de largo a los remansos, a la ternura inquieta de los atardeceres, al color de la luna cayendo de a baldazos.
Ay si pudieras verte!
Y parar a buscarte entre los restos...
Ay si pudieras... y soltaras el llanto, y estallaras en grito, y abrazaras el tiempo, y volaras de nuevo al país de la risa...
Pablo Isi
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