El Negro Raúl nació pobre y herido.
Conoció a su papá a los 8 años cuando salió en libertad condicional antes de volver a entrar a Sierra Chica un par de meses después.
Llegaba a la escuela con un sanguchito envuelto en papel que comía en mitades compartidas con la Mariana en los dos recreos largos.
No era de hablar mucho el Negro. Saludaba con una voz apenas audible y no era de prenderse en las jodas. Acompañaba las carcajadas de los demás con una sonrisa tímida y casi imperceptible, pero siempre franca, nunca forzada.
Era parco en las respuestas en clase, pero siempre sabía lo que la maestra le preguntaba.
El Negro siempre estaba dispuesto a todo.
Una vez que el profe de gimnasia había armado un partido contra los de la 37 faltaba un arquero y cuando ya no quedaban alternativas, al profe se le ocurrió recurrir al Negro como último intento:
- Somos catorce. Alguien tiene que ofrecerse a atajar, señores. Esto es un juego de equipo y hay que pensar en el conjunto más que en uno.
Después del silencio lógico y comprensible, el "Gracias" del Profe nos llevó a girar la cabeza.
Allá en el fondo, calladito y casi invisible, el Negro sostenía su brazo en alto que recién bajó cuando los aplausos y los gritos lo hicieron sentir verguenza.
Ese día dejó de ser Raulito para empezar a ser el Negro Fillol.
No había manera que le hicieran un gol. Sacó volando al palo un tiro de libre del Cordobés, le tapó dos mano a mano a la Garza Cuello, y se convirtió en héroe cuando casi en el final le atajó el penal a Cacho Sapito que tenía un cañón en la zurda.
Los festejos desmesurados y los abrazos no cambiaron mucho la actitud del Negro. La sonrisa fue un poco menos leve que la habitual, pero sonaba a felicidad extrema para los que sabíamos leerla.
Al día siguiente el Negro fue el centro de la escena. Abrazos, palmadas en la espalda, gritos de un lado al otro del aula. Cada recreo lo rodeábamos comentando cada una de las atajadas, pero el Negro seguía como siempre, cordial y silencioso, agazapado ante la vida.
Desde ese día el Negro Fillol fue arquero indiscutible del equipo, y columna vertebral en cada campeonato en el que entrábamos.
La fama no lo cambió, pero en los ojos de la Mariana había como otro brillo cuando se juntaban en el recreo a compartir las mitades del sanguchito. Lo miraba más. Era muy linda la Mariana. El pelo larguísimo y ondulado cayendo casi hasta la cintura dejaba ver dos ojos pícaros y luminosos que brillaban siempre.
De ella no sabíamos mucho. La abuela venía buscarla a la salida y ella se iba con la cabeza gacha hasta llegar al abrazo infaltable que se daban. Nadie se abrazaba así a la salida de la escuela. El abrazo de la Mariana y la abuela siempre nos llamó la atención porque era un abrazo interminable y profundo, como si no se hubieran visto por meses. Y así era cada tarde de todos los días.
Dejé de verlos cuando me fui a otra escuela a hacer el quinto grado y por mucho tiempo no supe más de ellos.
Volví a ver a Raùl varios años después en la puerta de los Tribunales de Comodoro Py. Bonadío habìa citado a Cristina ya en los primeros meses del gobierno de Macri, y andábamos con los compañeros recorriendo esa marea humana que fue a acompañarla bajo la lluvia.
Caminando en busca de algún lugar donde recargar el agua caliente para el termo, una mirada me cruzó en la calle y la sonrisa leve que fue una especie de saludo me paralizó. No reconocí a Raúl, pero esa mueca me estremeció. Mi memoria es frágil, pero siempre es permeable a ese tipo de señales, y me detuve como partido por un rayo.
- Nos conocemos? - dije...
- Pablito, soy Fillol, el Negro de la 24...
El abrazo fue interminable y profundo, como los que le daba Mariana a la abuela a la salida del colegio.
- Qué hacés así disfrazado, Negro, la puta que te parió?
- La vida Pablito, la vida... Uno no siempre puede elegir... a veces la vida elige por uno. Era esto o morirme en la cárcel como mi viejo. Yo también soy peronista, sabés? Aguante la Jefa!
Me fui despuñes de otro largo abrazo en el que sin decirnos más nada, nos dijimos de todo.
El gordo Pitu me miró enojado...
- Desde cuándo tenés amigos gendarmes Isi, la concha de tu madre?
- Gordo... no entendés nada... está atajando penales este, hace 50 años que está atajando penales. No me hinchés las pelotas...
Pablo Isi
Que anecdota de la vida...muy bien contada. Ese día fuimos a acompañar a la jefa, nos resfriamos con mi mujer, inolvidable✌🇦🇷✌
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