miércoles, 22 de abril de 2020

Gustos

A mi lo que me gusta es tropezar. No caminar como caminan ellos, así como en patines por las alfombras lisas que siempre tienen sombra. Déjenme andar los bordes resbalosos de las peores cornisas, las puntas afiladas de las rocas que en medio de las olas aparecen radiantes cuando se va la espuma.

Nunca me busquen en los amaneceres, ni en las tardes cayendo con un sol de postal sobre el río dorado. Yo estaré en otros lados. En las aguas negrísimas de los ríos cortados por fuego de metralla, en los charcos que deja la tormenta tratando de encontrar los ojos de los sapos,

A mi no me señalen la ruta de los faros. Dejen que vaya abriendo caminos con la frente, tallando el cuero a espina y piedra, con los surcos del invierno tatuados en las plantas de los pies. Yo quiero andar sangrando, embistiendo al torero con las lanzas clavadas en la carne furiosa. No me pidan medidas, ni que a medio morir empiece a sacar cuentas o a calcular probabilidades, Déjenme con mi tos y mis destierros, arrastrando los huesos por el barro.

A mi que no me vengan a proponer paisajes. Me gusta la hoja en blanco, sin cielo ni horizonte, sin casa con ventana y chimenea, sin árbol, sin camino, sin cortina a dos aguas y sin techo de tejas. Quiero buscar los soles debajo de la alfombra, adivinarlos dentro de los tachos de basura, soñarlos tras los peores nubarrones, ir detrás de ellos, disfrutar del viaje, imaginarlos en los precipicios y en los rincones más inexplorados.

A mi lo que me gusta es extender los brazos sabiendo que no hay nadie, bailar en los silencios, saltar la tierra seca para ir de charco en charco, tenderme a tomar viento y sentarme en dos patas para aullarle a la Luna en los inviernos. No me vengan con cielos limpitos y celestes, yo voy por los infiernos como si fueran míos, y me trepo al ardor de las hogueras para bailar el vals sin fin de los herejes.

A mi lo que me gusta es tropezar, una y mil veces con la misma piedra.

Pablo Isi

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