jueves, 23 de abril de 2020

Mujeres



A paso firme, a puño en alto, a cara limpia andan las pibas por las calles argentinas, gritando a quien quiera oírlas que ya no agachan la cabeza, que ya no van detrás de nadie, que ya no callan lo que callaron sus madres y sus abuelas, que ahora salen con ellas a exigir, a acusar, a defender derechos y conquistar futuros.

Caminan por la historia las mujeres de la Patria, como Juana, como Macacha, como Eva, como Milagro, como las Madres. Marcando rumbos y denunciando infiernos.

Ya no más sombra, ya no más marcas, ya no más las miradas al piso.
Aprendieron y enseñan.
Cargan en sus espaldas a las que ya no están, a las que pagaron caro ser presa de caza, botín de guerra.
Destrozan las historias de Cenicientas contra las paredes inmundas de las catedrales que entregaban a Cristo a los generales de turno, consagran inequidades y condenan a servir o morir a las que nacieron de costillas ajenas.
Avanzan. No las frena nada.
Se pintan la cara de brillos y rojos, armadas de verde hasta los dientes y enarbolan pañuelos que no bajarán más, que se plantan a la opresión y al látigo y encienden la ilusión de una vida sin miedo.
Las mujeres de la Patria desandan cada siglo con las alas gigantes que les da la fuerza de ser miles.
Ya no miran al piso, construyen horizontes que nos abarcan, que las exceden, porque toda justicia conquistada mejora el mundo. Y en eso están.

Por eso importan nada los "excesos" que quieren cargarles en la cuenta, como si pintar paredes o cortar calles fueran equiparables a violar, matar, secuestrar, descuartizar, interrumpir la vida por el terror del que quiere hacer de ellas su propiedad privada.

Rompan compañeras, quemen, pinten, cambien de veredas las hogueras, que nunca será mucho cuando lo que está en juego es la vida, la libertad y la justicia.
Compañeras.


Pablo Isi

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