Ahí anda ella, yo la veo...
Acomodando como puede una tristeza que no es comparable a ninguna otra. Aprendiendo a vivir en un cuerpo distinto, porque de eso se trata, de acomodarnos a ese hueco que nos queda dentro entre la garganta y el hígado y que por momentos nos aplasta los pulmones y se mete de prepo a pelearle al corazón cada gota de luz.
Sé que no hay nada que pueda decirle... que el tiempo hará su trabajo con sabiduría y llenará de bellos recuerdos esos espacios de la memoria que hoy se niegan a comprender una ausencia para la que nunca estamos preparados.
A veces tengo ganas de ir a abrazarla, a decirle que el silencio es una de las formas que encontramos para acompañar los dolores intensos, pero que sepa que ahí estamos, cerquita, hechos un montoncito de nada en un rincón de ningún lugar.
En este misterioso mundo de la virtualidad, nos la rebuscamos como podemos para hacer llegar los abrazos...
Así, por ejemplo...
Pablo Isi
(a Patito Iturria)

No hay comentarios:
Publicar un comentario