La realidad vista por nuestros ojos es una realidad deformada. Deformada por parcial, por incompleta, por cómoda.
Ponerse en la mirada de la vida que puedan tener otros implica un esfuerzo grande, un desprenderse de los sentidos comunes y las naturalizaciones con las que crecemos, nos formamos, vivimos y morimos.
Analizamos desde nuestros zapatos, los caminos de los que no lo tienen, y ostentamos orgullosos nuestro andar, despreciando a los que andan por instinto o por inercia.
Somos privilegiados los que sabemos que vamos a comer hoy, y mañana, los que no tenemos sobre la espalda la incertidumbre del techo donde podamos dormir, sabiendo que nuestros hijos tampoco la tendrán jamás.
Pudimos elegir el camino a recorrer. Condicionados, apretados, esforzados, pero pudimos elegirlo.
Podrán elegirlo nuestros hijos, con la libertad que les da la seguridad del abrazo incondicional, de la manta esperando, de la puerta siempre abierta, hagan lo que hagan, decidan lo que decidan, tropiecen con lo que tropiecen.
No todos los horizontes son iguales.
Para algunos el horizonte es una vida a recorrer, para otros es comer esta noche.
De eso se trata la lucha por una sociedad más justa.
Requiere de un primer esfuerzo nuestro, del militante, del compañero, que necesariamente debe mirar con otros ojos la realidad de cada día, la de los que no ven lo mismo que nosotros.
En esta sociedad, proyectar la vida es un privilegio. Los derechos humanos esenciales, básicos, indiscutibles, parecen cuento para millones de personas que no sólo no los poseen, sino que ni siquiera llegan a imaginarlos.
El futuro no es un concepto universal, y los sueños son una construcción social y cultural.
Juzgar el cielo de los otros desde la inmensidad del que tenemos por delante, suele confundirnos.
Miramos de costado al que elige distinto porque desconocemos como es el mundo visto desde esos ojos.
El Peronismo es eso: intentar que todos y todas puedan ver más amplio el horizonte. No es navegar en el asistencialismo, sino construir igualdad de oportunidades para que todos podamos ver lo que puede haber por delante.
Que lo que para millones parece cuento, pueda soñarse, pueda imaginarse posible.
Los esfuerzos siempre serán distintos. Desde las herramientas naturales, hasta los desequilibrios con que llegamos al mundo, harán que cada paso sea distinto a cualquier otro paso; pero no puede haber razón que haga perder de vista que la responsabilidad de que los horizontes sean posible, es nuestra.
La vida tiene que ir en eso.
No importa desde donde. Hay fueguitos que queman por intensos, y otros que calientan al que está más cerca, pero todos pueden mejorar vidas, y en definitiva, también el Peronismo es eso: la obstinación de mejorar las vidas.
Que nada de lo humano nos sea ajeno, y que siempre, en toda circunstancia, La Patria sea el Otro.
Pablo Isi
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