Alguien pintó en tu cara
con letras indelebles
la señal de la guerra.
Abrió surcos de látigo en tu espalda
marcó en tus manos restos de futuro.
Dirán que el tiempo
o la naturaleza
con caprichosos trazos te tendieron la trampa
o que en algún lugar
fue culpa de tus piernas
errarle a los caminos
al fin y al cabo el viento es para todos.
La Patria suele ser
un juego despiadado
el crujir espantoso de un puñado de dientes
harapo sobre harapo
y el abrigo a la sombra
de un sonido de tren
barriendo las distancias.
Quién habrá de cerrar
los párpados calientes
de la más cruel de todas las ternuras?
Huesos pidiendo a gritos
un último alimento
para llegar oliendo
a estrellas y naranjas.
No hay soles en las míseras auroras
de un Universo atroz
plagado de princesas
que sueñan con ser sapo.
Pablo Isi
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