Ella hace que la vida nos mejore siempre. En estos años de oscuridad, leerla, verla, escucharla, era siempre entender màs claro, mirar màs allà de lo que nos daban los ojos.
Cuando nos llenàbamos de odio e indignaciòn por el veneno de Bonadìo y su banda de acosadores, la palabra de Ella nos bajaba a tierra, señalaba el camino, mostraba que la venganza real, la que sirve, es la de recuperar la Patria de las garras de estos mafiosos.
Cuando las nauseas se hacìan insoportables, Ella nos calmaba desde sus inolvidables càtedras en un Senado que era lodo puro. Nos paràbamos en las sillas para putearlos uno por uno, hasta que le daban la palabra, y decìa todo lo que nosotros necesitàbamos escuchar.
Cuando nos cerràbamos en la bronca pidiendo que todo sea de Ella, nos enseñò a pensar con la polìtica como norte, sin dejar nunca que nuestros dedos ansiosos por señalar traidores y tibios impidieran que la victoria fuera tan aplastante como lo fue.
Ella nos acariciò todo este tiempo cada vez que lo necesitamos. Pero nunca permitiò que el amor incodicional nos hiciera dar pasos en falso. Era con todos. Nosotros no querìamos eso, pateàbamos las paredes y gritàbamos que era Ella y Ella y nada màs que Ella. Y Ella, sin retarnos, sin decirnos que estàbamos errados, nos hizo ver de a poco que las victorias populares contra la oligarquìa son construcciones que necesitan de la inteligencia canalizando la pasiòn.
Nos llevò de la mano a entender que el fanatismo es necesario, pero no puede nublar los ojos. Nos mostrò una realidad que Ella viò antes que nadie, y acà estamos hoy, como adolescentes, enamoràndonos de un Proyecto que tiene màs colores que los que hubièramos elegido.
Conducciòn se llama. Amor por la Patria, gigantesca concepciòn de la polìtica como un todo que nos abarca pero tambièn supera nuestros gustos y nuestras pasiones.
Es con todos, dijo, y dejò a Karpov y Kasparov como aprendices en un pase de Magia que dejò en claro que primero està la Patria. Nadie podrìa haberlo hecho. Nadie màs que Ella.
Nadie sumaba màs, y nadie hubiera sido capaz de poner el interès colectivo por sobre cualquier aspiraciòn de quien tenìa los mèritos y le daban los nùmeros.
Nos bajò de la nube casi sin darnos cuenta, y acà andamos entonces, encontrando al Alberto parecido a Richard Gere, imaginando a Lammens con la boina calada y el habano encendido, y hasta viendo a Massita como el primo que vuelve despuès de haberse portado tan mal...
Aprendimos a mirar las cosas de otra forma. Nos vamos dando cuenta que si no era con todos, las caras de Majul y Lanata no hubieran sido asì, tan para el champagne.
Ella conduce. Ella piensa cuando nosotros andamos recogiendo piedras. Por eso la amamos, por eso hacemos lo que nos diga, por eso pensamos como ella nos enseña a pensar.
Fanàticos? Si, claro, por supuesto.
Somos Peronistas.
Y Cristina es Peròn ademàs de Gardel.
Pablo Isi
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