miércoles, 22 de abril de 2020

#SeráLey

Tuve dos experiencias muy cercanas relacionadas con abortos.
Nunca el cuerpo era el mío.
Las angustias y miedos que soporté, no eran seguramente, ni por asomo, las angustias y miedos de las mujeres a las que acompañé.

La primera de esas veces la sala de espera era una silla apoyada sobre un piso de cemento. Olía a querosén mientras miraba por una ventana de vidrios rotos que daba a un fondo de tierra y escombros. La sensación era de miedo, de un miedo raro y espeso que nunca volví a sentir de esa forma.
Mientras esperaba, un gato gris con ojos de espanto iba y venía sin inquietarse por el humo de mis cigarrillos que se consumían uno tras otro.
Esa misteriosa barrera defensiva que nos protege cerebro adentro hizo que olvidara calle, lugar, nombres, fechas.
La escena volvió sólo en un par de sueños que nunca terminaban bien.

Hasta la segunda vez pasaron muchos años.
No hubo sala de espera, ni gato, ni olor a querosén, y los cigarrillos eran en la vereda.
Una enfermera vino hasta la habitación y la llevó al quirófano.
Alguien se quedó conmigo compartiendo el llanto y entibiando la espera en el abrazo. La sensación también era de miedo, pero no tan espeso como para impedir el diálogo sereno y el café.
Cuando la trajeron del quirófano pasé a besarla mucho y salí a fumar a la vereda para esperar que despertara.
De esta si recuerdo nombres, direcciones e imágenes.

Nunca el cuerpo fue el mío. Nunca mi miedo fue equiparable al de ellas. No podré sentir nunca lo que ellas sintieron.

Cuando escuché el anuncio de Alberto en el Congreso recordé todo esto. El derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y sobre su vida no es una cuestión sólo filosófica.
Siempre los hombres seremos acompañantes, en el mejor de los casos sostenes y compañeros, pero nunca estaremos en otro lugar que no sea tomando una mano, mirando al gato ir y venir de la cocina, o fumando en la vereda.

Sí tenemos un derecho, que es sumar nuestra voz al grito de ellas, para que nunca más ninguna mujer dependa de una billetera al optar entre el quirófano y el cuartito con piso de cemento.

Yo también lloré ayer.
#SeráLey

Pablo Isi

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